Esta es una época del año en la que Rafael Velasco, educador en salud del University Health System, recibe muchas consultas de personas que quieren dejar de fumar.
“Son los própositos”, dijo Velasco. No es raro que muchas de esas personas abandonen rápidamente su propósito. “Con el comportamiento humano, es muy difícil frenar muchas de las cosas que hacemos”.
Pero dejar de fumar no tiene que significar dejarlo de golpe. De hecho, eso no funciona muy bien para muchos fumadores, como aquellos que han fumado uno o dos paquetes al día durante 10 o 20 años. Dejarlo por completo y de una vez puede ser deprimente para esas personas.
“Es casi como si perdieran a alguien”, explicó.
Enseñarles a reducir el consumo puede ser muy productivo.
“Si logras que esa persona reduzca a cinco o diez cigarrillos al día, eso ya es un éxito”, dijo.
Existen varias maneras de ayudar a alguien que quiere dejar el tabaco. La terapia de reemplazo de nicotina, mediante parches, chicles u otros métodos, puede aliviar las ansias en los momentos en que el fumador siente más tentación de encender un cigarrillo. Además, la asesoría puede ayudar a identificar los desencadenantes que lo llevan a fumar.
“Puede ser como una dieta: algunas personas comen por emociones”, comentó Velasco. “Puede ser que salgan al patio a fumar, así que están acostumbrados a encender un cigarrillo cada vez que salen. Es su lugar de confort. Lo más importante es: ¿qué es lo que los desencadena a fumar?”
Las personas interesadas en clases para dejar de fumar pueden llamar al 210-358-7100 para más información. Para ayuda adicional, llame al 800-QUIT-NOW.
Foto cortesía de geralt/Pixabay